Las exploraciones de calcio en las arterias coronarias pueden ofrecer un cálculo más preciso de las probabilidades de que un paciente tenga problemas cardiacos importantes.
Una larga lista de familiares del lado paterno de Lynda Hollander padecían enfermedades cardiacas, y varios se habían sometido a cirugías mayores. Por eso, cuando llegó a los cincuenta y tantos años de edad y vio que sus niveles de colesterol aumentaban después de la menopausia, dijo: “No quería arriesgarme”.
Un cardiólogo dijo a Hollander que, basándose en factores como la edad, el sexo, el colesterol y la tensión arterial, corría un riesgo moderado de sufrir un episodio cardiaco grave, como un infarto, en los próximos 10 años.
Los médicos suelen hablar a pacientes como ella sobre la importancia de la dieta y el ejercicio, pero Hollander, que ahora tiene 64 años y es trabajadora social en West Orange, Nueva Jersey, no tenía mucho margen de mejora. Ya era una corredora empedernida, y aunque “tenía recaídas de vez en cuando”, su dieta era básicamente sana. Los intentos de adelgazar no redujeron su colesterol.
Su médico le explicó que la exploración de calcio coronario, algo de lo que Hollander nunca había oído hablar, podría proporcionarle una estimación más precisa de su riesgo de cardiopatía aterosclerótica. Se trataba de una tomografía computarizada breve e indolora que indicaría si en las arterias que conducen al corazón se estaban formando depósitos de grasa denominados placa.
Cuando la placa se rompe, puede provocar coágulos que bloquean el flujo sanguíneo y desencadenan infartos. El escaneo ayudaría a determinar si Hollander se beneficiaría de tomar una estatina, que podría reducir la placa y prevenir la formación de más.
