A cambio de encarcelar a más de 200 deportados, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se ha convertido en uno de los favoritos del gobierno de Trump.
Para el gobierno estadounidense, enviar a una prisión de El Salvador a los deportados que son acusados de formar parte de pandillas delictivas es una acción que cumple con la promesa del presidente Donald Trump de deportar agresivamente a los migrantes indocumentados y tomar medidas enérgicas contra la delincuencia.
Para el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, las recompensas parecen haber incluido, entre otras cosas, una visita a la Casa Blanca y una calificación de seguridad en los viajes a su país que es superior a la de Francia.
Aunque no se han hecho públicos los términos exactos del acuerdo, es posible que otros dirigentes de todo el mundo estén atentos, según afirman los expertos y los abogados especializados en migración, especialmente mientras el gobierno de Trump busca otros países dispuestos a acoger a migrantes expulsados de otras nacionalidades.
“Otros dirigentes y países están tratando de emular el acuerdo de Bukele”, dijo Iván Espinoza-Madrigal, director de Lawyers for Civil Rights, grupo con sede en Boston que ha representado a migrantes en demandas contra el gobierno de Trump. Los países “levantan cada vez más la mano para ofrecer voluntariamente sus instalaciones de encarcelamiento y facilitar la deportación de personas”, añadió.
